
Entre todas las vidas que podemos defender y
todas las muertes que debemos padecer, una ley se está escribiendo con
sangre de mujer. Educación sexual, para decidir. Anticonceptivos, para
prevenir. Y aborto legal, para no morir. “Si yo voy a parir, yo voy a
elegir”, grita la piba sin aires de diva, porque diga lo que diga la
religión, cada una debe ser dueña de su decisión. La sociedad debe
respetar y el Estado debe garantizar, porque “miles de chicas mueren al a
bortar”.
Sin vender falso progresismo, ni mediático cinismo, ni solemne
impostación, Sofía rompe los lugares comunes de la televisión, aunque
los paladines de las represiones polemicen sobre sus adicciones, mucho
más que sobre sus actuaciones: “Algunos se la pasaron mintiendo, sin
saber un carajo de lo que estaba sufriendo”. Criando a Helena y soñando a
Dante, que todavía habita esa panza gigante, hoy mira para adelante a
cada paso que va dando, relegando el plan berreta que le sugerían tantos
otros… La hija de Moria Casán vive en el mismo planeta que nosotros.
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